Continente y contenido
Creen los políticos de toda condición que pueden controlar el “mensaje” que quieren que aparezca en los medios. Así se preparan actos, declaraciones, etc., en los que pretenden colocar su frase, de no más de 10 palabras, o su imagen empaquetada, de no más de 20 segundos, para ser usada como titular en las noticias.
En la última Korrika, el Lehendakari se incorporó en los últimos metros para, con escaso estilo atlético, recorrer las calles portando el testigo como quien lleva la llama olímpica. En su afán por controlar el mensaje, Lehendakari y Vicelehendari, aparecen con una decena de personas portando ikurriñas tamaño XXL, para que en las fotos o imágenes de la prensa solo aparezca un fondo tricolor en lugar de los habituales retratos y pancartas de la izquierda abertzale. La secuencia completa apenas dura unos tres minutos, finalizando cuando una mujer le quita el testigo y deja al Lehendakari con gesto estupefacto mirando a ambos lados, una y otra vez, hasta que todos, políticos y portadores de ikurriñas, abandonan la escena dirigiéndose a la acera. En ese momento se ven los símbolos.
Para su sorpresa, no engañó a nadie, menos aún a los medios, y el titular conseguido hablaba de esos símbolos y el intento político de taparlos en un vano empeño de manipular la realidad.
El señor Feijóo, en su afán diario por describir la catástrofe en la que vivimos desde que Sánchez es presidente del Gobierno, afirmó que en este país “se aplauden a los indecentes”, momento en el cual la bancada popular se puso en pie para aplaudir con entusiasmo. Después de finalizada la sesión, cuando el troleo en redes llevaba horas, los populares se dieron cuenta de que les había salido el tiro por la culata. El mensaje que intentaban colocar, cada día peor que el anterior, se había traducido en que la bancada popular aplaudía al “indecente” Feijóo, entrando en un bucle del que no han podido salir hasta el momento.
Y no podía faltar el señor Trump. Este asistió a una reunión de la OTAN celebrada el año pasado en la que supuestamente arrancó a los aliados el compromiso de gastar el 5% del PIB en defensa. Tan entusiasmado estaba Trump que no esperó a que finalizara la reunión. En su avión comenzó a alardear de su logro; había conseguido doblar la mano a todos los aliados. A día de hoy, ninguno de los aliados, desde Turquía hasta Canadá, se ha atrevido a explicarle que en realidad se había firmado “el compromiso de alcanzar” ese 5% en los presupuestos del 2035. Y menos aún que ese 5% se desdobla en un 3.5% para defensa y un 1,5% para inversiones “industriales”.
Son solo tres ejemplos en los que los políticos confunden continente con contenido. El continente es el envoltorio, la frase lapidaria, el mensaje facturado, la vanagloria propia. El contenido suele ser más complejo, se compone de muchos más elementos, la mayoría de los cuales están lejos de poder ser controlados por el emisor. El contenido no solo lo forman los medios, sino también la realidad circundante, sea una persona o el contexto, la noticia que se solapa, la interpretación que el receptor hace. El contenido está formado por elementos aleatorios; no se pueden prever todos ellos y, sin embargo, los políticos siguen actuando como si solo existiera el mensaje que desean colocar.
