Tormenta de uno

Mark Strand

Tormenta de uno
Mark Strand
Visor libros, 2009

Tormenta de uno
Visor libros, 2009


Mark Strand
(Summerside, Isla del Príncipe Eduardo -Canadá- ; 11 de abril de 1934 – Nueva York, 29 de noviembre de 2014)​

Mark Strand (1934-2014) está considerado como una de las grandes voces poéticas de la segunda parte del siglo XX. Se ha comparado a Mark Strand con Walt Whitman, pero el individualismo de Whitman es expansivo, universal, grandioso mientras que en Mark Strand es íntimo, personal, interesado en captar la esencia con sobriedad.
Mark Strand proviene de la generación posterior a la “poesía confesional” (Anne Sexton, Robert Lowell, Allen Ginsberg y Sylvia Plath), a los que definió: «El poeta confesional no soporta estar solo«. Para la “poesía confesional”, el objeto poético es el sujeto que escribe, su enfermedad o su sexualidad; Mark Strand no está interesado en ello, quiere captar la impermanencia de las cosas, la emoción del instante, mediante lo que la crítica ha llamado “minimalismo lírico”.
En 1990 y 1991 es condecorado como Poeta laureado en la Biblioteca del Congreso.
El poemario, publicado en 1998, recibió el Pulitzer al año siguiente. “Tormenta de uno» (Blizzard of One) es uno de los libros centrales dentro de la obra de Mark Strand. Aparentemente, es un libro sencillo con sus imágenes de la naturaleza, casi un fondo de paisaje, con el objeto poético en un mundo deshabitado, con un sujeto entre el “yo” y el “tú». Sin embargo, posee un peso sutil de melancolía, oscuridad, secreto en la profundidad del texto.
En el poema “Dejar las cosas intactas» (1964) dice: Donde sea que esté / yo soy lo que falta.
Formalmente, usa un verso largo, dividido en dos partes con una pausa en el centro. También es característica habitual utilizar el encabalgamiento, es decir la última palabra de un verso es la primera de una frase que continúa en el siguiente verso.
Mark Strand a menudo ha declarado su admiración por la pintura de Max Ernst, Giorgio de Chirico y René Magritte. Dedicó un ensayo monográfico a la pintura de Hopper, el pintor que dijo: «Tal vez no soy muy humano. Lo único que me interesa es pintar la luz del sol en la pared de una casa».
Su poesía podría encajar con esta definición.
«Blizzard of One» (Alfred A. Knopf Inc., 1998)
«Tormenta de uno» (Visor libros, 2009)

Capítulo I
«Sin título». El libro comienza con el autor revisitando al joven poeta, con un poema en el bolsillo, cuando la pasión existía. Entonces la amada y el poema parecían hermosos; pasado el tiempo, ambos quedan desfigurados. El espliego se convierte en ceniza. Desaparecen las nubes. ¿Dónde / está ella ahora? ¿Dónde aquel muchacho…
«El hotel de la playa». Se propone el regreso a un hotel vacío, medio abandonado, Volvamos al hotel de la playa donde siempre llueve. Recorrer el hotel supone visitar a los muertos que un día lo ocuparon, mientras miramos / como repta por el suelo la vieja luz de la luna. Todo lleva a una visión oscura de las cosas, una característica de Mark Strand, Sombría oscuridad. Y caeremos en las catacumbas estrechas y llenas de espejos.
«Un viejo se va de fiesta». La añoranza sin esperanza recorre el poema. Un anciano de 80 años se va desvistiendo en una noche con luz de luna, En momentos de profunda introspección. El viento contuvo el aliento. El sujeto siempre mira hacia el interior, no es sólo una fiesta, sino también una reflexión, ¿cómo podría yo / no ser sólo yo mismo, este sueño de carne, sin tardanza.
«Me va a encantar el siglo XXI». El título es casi una ironía dada la visión del mundo que tiene Mark Strand, más bien oscura, y lo expresa claramente, Y me dijo: «Aunque amo el pasado, su oscuridad, / su peso que nada nos enseña, su pérdida, su todo / que no pide nada, me va a encantar aún más el siglo XXI.
«La siguiente». Un largo poema dividido en 3 partes (la arquitectura, el paisaje y la introspección).
I. La arquitectura de nuestro tiempo serán las ruinas del futuro, el tiempo huye rápido, el deseo desaparece, Así es como tenía que ocurrir, y que si supiéramos / cuánto tiempo han de durar las ruinas, nunca nos quejaríamos.
II. El paisaje es un tema al que siempre vuelve Mark Strand. Mientras tiene una visión oscura de la persona, el paisaje le ofrece una salida, De forma que, ¿por qué acudir al mismo yo cuando el paisaje / ha abierto sus brazos y nos ofrece maravillosos santuarios.
III. La vida podría haber sido de otra forma, no es lo que se esperaba, un cuento con un paisaje que asombra y nos acoge, pero es un espejismo, era demasiado / sencillo, sin duda, y corto de vista. Al final del camino hay que aceptar que todo se marchita, ¿Qué otra cosa nos quedaría / sino corregir lo hecho / y comenzar de nuevo, la compasión del sol al desaparecer?
«La noche, el porche». Poema sobre la impermanencia de las cosas, protegerse / del viento es sentir que lo inasible se halla en algún lugar cercano. El ser humano quiere certezas, seguridad, pero sin embargo la vida ofrece, algo cuya aparición sería en realidad su desaparición. El momento en que cae un hoja es previo a su conversión en pasado, mientras tanto la naturaleza no ha pensado en nosotros.
«Muy poquito». Poema argumentativo, con respuestas a preguntas no formuladas, Si la ceguera es ciega para sí misma, / entonces aparecerá la visión. El autor se encamina al mundo, mientras los obstáculos desaparecen, ¿Habría algo mejor? Largas frases de aire moviendo las hojas, un verso que podría definir su poética. Si el primer verso es una respuesta, el último es una pregunta retórica, ¿qué diferencia hay / entre la ceguera perdida y la ceguera recuperada?, ceguera que evoca el Paraíso del poeta John Milton.
«El regreso del gran poeta». Mark Strand hace la caricatura del autor vanidoso, con grandes coches, trajes a medida, admiradores en silencio, pero con discurso vacuo, Cuando hablaba, el aire parecía blanco a causa de los gritos imaginados. El gran poeta llena de deseo y emoción a sus seguidores, pero la poesía no ha aparecido, Luego se fue / y el mundo se quedó vacío. Para M.S. la poesía es lo que ha quedado fuera de esa reunión, es lo necesario para ser y vivir, díganme, ¿qué es la poesía? / ¿Puede morirse alguien sin un poco tan siquiera?

Capítulo II
«Nuestra obra maestra es la vida privada». El poeta nacido en una isla canadiense hace constantes referencias al mar, como símbolo o imagen y, sobre todo, como forma de ser y estar en el mundo.
I. Este es un poema lleno de preguntas sin responder, ¿Hay algo ahí abajo en el agua que nos elude… Tal vez haya acontecimientos, secretos, fuentes por descubrir, ¿Por qué debe importarnos? Mientras el deseo dibuje un arco iris sobre la piel de la tierra, ¿Para qué buscar más?
II. Frente a los agoreros que recorren el mundo, él propone un pequeño placer, comamos / el rodaballo con este exquisito Beaune blanco, el gusto de las pequeñas cosas, Nos gusta el ruido del viento sobre la hierba. Mientras esté junto con la persona deseada, hablando en voz baja, ¿para qué vivir / por otra cosa? Nuestra obra maestra es la vida privada.
III. El poeta aprecia la belleza del momento, a pesar de ser fugaz y finita, el momento del goce que viene / de los goces fugitivos, mientras respira el aire de la noche, en el paseo toma conciencia de la existencia, un poco más lejos de las experiencias, que, en los días de antaño, / nos cautivaban durante horas. Al final del camino lleno de curvas espera un hogar con sus recompensas, De regreso a casa, el mar golpeando en los acantilados / el vaso de whiskey en la mesa, el libro abierto, las preguntas…
«Mañana, mediodía y noche»
I. Antes de abrir los ojos, el poeta rememora el mundo, Y el verde de la mañana y la congestión del tiempo, mientras algo indefinido flota en el aire, Y pensé que era una señal de que me había equivocado / entonces me desperté. Y en esa transición cae el peso del mundo, un soplo que atraviesa edificios y campos, y la sombra del futuro cayó sobre mi cama y sobre las líquidas ruinas; el autor permanece en la cama a la espera, Aún esperaba su oportunidad lo que podría haber sido.
II. Lo que pudo haber sido, a pesar de augurios o señales, es indiferente, lo que ocurre nos encuentra mal preparados, Trabajábamos sin descanso en la profundidad sin sombra del mediodía. El viento se detiene, el polvo ocupa las calles, no hay ciudad de luz, sino vida entre tumbas y llegar a este lugar, No era acercarse al final, no habíamos avanzado nada desde donde comenzamos.
III. La llegada de la noche y el sueño nos permite regresar a lugares inalcanzables, donde todo lo que ocurre parece que es / para siempre. Soñamos esperando ser liberados al día siguiente, nos asusta no poder conseguirlo y tener que vagar a la deriva olvidados / en un mar de media noche, sin esperanza de vida, ser un nadador ahogado que nada, para demostrar, a nadie en concreto, cuán falsa ha sido su vida.
«Un trozo de la tormenta»
Es el centro del libro, el poema en el que talento de Mark Strand convierte un copo de nieve en objeto poético alrededor del cual crece el poema. Un copo de nieve, una tormenta de uno, ingrávido, entró en tu habitación. Alguien lee en una habitación, levanta la vista y encuentra el copo en el brazo del sillón, Eso fue / lo que ocurrió. Nada más que un solemne despertar / a la brevedad. Un despertar, cual satori budista, el momento de la percepción directa de la realidad. Un tiempo entre tiempos, un funeral sin flores. Nada más que eso. Pero la realidad no es estática, sino fugaz, el agua no pasa dos veces bajo el puente, excepto por la sensación de que este trozo de tormenta, que se convirtió en nada ante tus ojos, volverá; y alguien pasado el tiempo, en la misma actitud, dirá: Ha llegado la hora… otro copo de nieve estará preparado para entrar en una habitación similar.
«Una suite de apariciones»
Un conjunto de 6 poemas dedicados a Octavio Paz, aquel que dijo: “El lenguaje es la consecuencia (o la causa) de nuestro destierro del universo, significa la distancia entre las cosas y nosotros. También es nuestro recurso contra esa distancia.” (El mono gramático, 1970).
La suite se convierte en una respuesta a esta cuestión filosófica, pero Mark Strand no afirma tajante, es un poeta, no un filósofo.
Se conocieron cuando les encargaron una antología de poesía mexicana-estadounidense; debaten sobre cuestiones de poesía (Wallace Stevens frente a T.S. Eliot) y de política. Ambos realizaron traducciones de poemas del otro.
I. Se compone de dos preguntas sobre la sombra y la luz. ¿De qué oscuridad o carencia ha venido a esperar… ¿De qué lugar ha venido / para entrar en la luz que queda… Solo queda la paradoja de un Relato, que continúa allí donde esté ocurriendo el final?
II. Plantea una pausa entre los fenómenos cambiantes, un espacio para nosotros / una quietud donde nada / es borroso. Un lugar donde sentarse a observar el curso del mundo, desatento a lo que ocurre lejos de su ámbito, Nada sorprendente que lo que ocurrió / antes de esta noche, ayer, la historia de nosotros mismos, nos sea indiferente.
III. Antes del lenguaje existe el ritmo, en el oído que sólo oye la musiquilla al principio. De esa “musiquilla” surgirá un sonido, una voz, convirtiendo de repente tu lengua en un campo que se despliega. Mientras sigue oyéndose aquella, aparece una “musiquilla” propia, la aparición de algo aún no pensado, sin saber si el verso es pensado por el autor, aparece algo que quería ser dicho sin saberlo previamente. Cualquier idea de ti mismo debe incluir un cuerpo que envuelve una canción.
IV. Hubo un tiempo en que los argumentos podían complacernos, nos decían quienes fuimos y quienes somos, pero no es suficiente, lo que no puede / verse o imaginarse siempre estará en otro lugar. Es un conocimiento que permanece invisible, a pesar de estar señalizado, mas ya no es suficiente, En otra época, / lo que no puede verse nos definirá, el lenguaje será un error, falto de precisión y paradójico, El yo, diremos, nunca podrá / verse con un disfraz y nunca será visto sin él.
V. Regreso al sillón y al copo de nieve de «Un trozo de la tormenta», preguntarse dónde nace lo Interminable, donde va, cuán cerca ha llegado; La nieve es observada, los copos están destinados a perder su forma, como pensamientos / a la deriva. La nieve se aleja de las ventanas que miran al futuro, los copos viajan hacia lo inefable, hasta el lugar donde nada servirá de nada, / donde nada se necesita ni se dice porque ya se sabe.
VI. Una reflexión sobre la memoria, el autor nos dice que tener todos los datos ordenados en un relato, solo oscurece / nuestra idea de lo que ocurrió. Prefiere el recuerdo, aun cuando no se conserve todo, aun cuando se disuelva, Así, cuando va como debe, a su paso no surge un sentimiento de pérdida. Se recuerda una casa, unos perros, una campana, unos aromas que son los factores de la ausencia, un encantamiento de lo inefable. No se sabe si volverá el mismo día a nuestra memoria o si ésta será invadida por la niebla, borrando acontecimientos, uno / tras otro.
«Aquí»
Toda la poesía de Mark Strand plantea problemas espacio-temporales. Excepto en este poema dedicado a un espacio marcado por el sol, calles vacías, tumbas abandonadas. Una brisa / remueve el polvo, pasa una o dos páginas, se detiene. Un lugar desierto, lleno de polvo sobre las propiedades abandonadas. Una iglesia permanece abierta, lugar para refugiarse del calor, si un visitante decidiera entrar / podría relajarse con facilidad, arrodillarse, rezar. La iglesia está vacía porque no hay gente, por el calor o por que el visitante vio un dragón, o lo soñó, acurrucado ante la cueva reposando como un saurio / y en lo bueno que es ser sobrevivido.
Un final que, casi inevitablemente, recuerda al microcuento de Monterroso.
«Dos de Chirico»
“1. La conquista del filósofo”. El poema gira sobre dos versos que se repiten de principio a final, a veces juntos, otras uno de ellos finaliza una estrofa. Este melancólico final permanecerá / Y siempre la torre, la barca, el lejano tren. La pintura de Giorgio de Chirico se caracteriza por formas arquitectónicas (la torre, la barca, etc.) en un paisaje casi carente de personajes, aparecen lejanos o como una sombra en la pared. ¿Es otra escena de dolor infantil? / ¿Por qué las manecillas del reloj marcan la 1:28? Preguntas sin contestación para un escenario surrealista, onírico, inquietante.
“2. Las musas inquietas”. De nuevo dos versos se repiten, Primero se instala el aburrimiento; después, la desesperanza. / Algo sobre el silencio de la plaza. Es un viaje a través de los elementos de la pintura, la primera impresión no calma, Hay algo mal; algo en el aire, / su color. Las musas aparecen inexpresivas, no son portadoras de palabras, sino de su opuesto, Algo acerca del silencio de la plaza. Los edificios no son un fondo de paisaje, una analogía que ayude a entender, simplemente posan. El poeta ha viajado a su interior, desea “componer” en este ambiente irreal, quizás sobre lo evidente, el silencio, o sobre lo latente, la incertidumbre, O algo más, de lo cual uno no es consciente, / acaso la vida misma-, ¿quién sabe?
«Algunas últimas palabras»
Esta sección está compuesta por una serie de 7 poemas de 3 sílabas cuyo último verso es siempre el mismo, Simplemente, vete al cementerio a preguntar. Mark Strand abandona los largos poemas en los que desplegar su navegación poética para llegar a unos poemas cercanos a los aforismos.
El número 5 dice: Si piensas que vienen cosas buenas / y que el mundo mejorará, no aguantes la respiración, / simplemente, vete al cementerio a preguntar.

Capítulo III
«Cinco perros»
En un cambio de sujeto poético, realmente chocante, el poeta da la voz a cinco perros que cuentan sus historias entre el asombro y la resignación.
I. El primer perro, Spot, quieren cantar, como un poeta, hasta que un vecino le desanima con un golpe de realidad, Lo sublime de un perro nunca es noticia / -dijo-, al fin y al cabo, ¿qué más da otro poeta?
II. El segundo es alguien convertido en perro con conciencia. Sabe quién fue y quién es. Y ladrarles a ellas también. Soy un ojo que se ve a sí mismo. Pero de nada sirve saber, el destino está escrito para el perro último de una estirpe, Hasta que mis ojos se llenan de lágrimas y me digo: Ah, Rex. Olvida. Olvida.
III. La desazón llega con el tercer perro, La mayoría de quienes son como yo cree / que la tierra es el único planeta que no está cubierto de pelo. Quisiera una tragedia, un fin de la historia, mientras permanece frente a un espejo, esperando que una forma o un yo se reflejen y salgan, que una voz le reclame para el amor y la luz. Pero se desinteresa, se siente diferente, solo, y ahí estaré hasta el día que me muera.
IV. Llega un tiempo en que los grandes perros dominan, hay que retirarse con sus huesos al jardín y reconocer que una época acaba. Ahora son los humanos los que caminan a cuatro patas, bailan con torpeza. Con los ojos cerrados. Ah, cuerpos celestiales. Ah, cuerpos del tiempo. Ah, dorados cuerpos de duradero fuego.
IV. Con el invierno, todo se convierte en hielo, cristal, blancura, Y he aquí que había un perro en una cabina de teléfonos / llamando a casa. La canción era esa llamada no respondida, el deseo de felicidad no llega, la oscuridad se acerca, solo queda aceptar la situación. Y así, así… Adiós a todos, adiós, perro.

Capítulo IV
«En recuerdo de Joseph Brodsky»
Joseph Brodsky es el segundo poeta que merece un poema en este libro. Son amigos, colegas y traductores ambos, mantienen la admiración del uno por el otro.
En la despedida, no hay solo pérdida sino acaso un ser que se difumina. Podría decirse, incluso aquí, que lo que queda del yo / se despliega en una luz que se desvanece. La desaparición no es brutal sino lenta como una capa de polvo que avanza parsimoniosa, Y sigue hasta un lugar que acaso nunca halle, donde lo indecible. Lo indecible, lo intangible es el territorio del lenguaje al que se dirige todo gran poeta. Los límites no se sostienen, ni el indefinido entre nosotros. Los recuerdos tienen vida porque Brodsky la insuflaba, ahora fantasmas en tu estela. Los restos del yo siguen desplegándose, más allá de nosotros, para quienes el tiempo es sólo ahora una medida del mientras tanto.
Todos los grandes temas de Mark Strand están en este poema: la identidad que se despliega desde el ahora, el espacio futuro indefinido, el lenguaje y sus límites, Y el futuro no es más que un etcétera.
«Lo que era»
I. La materia del poema puede partir de la imaginación o de una sombra. En todo caso, es material que cae hacia la oscuridad, tal vez una idea descrita, un algo, una pequeñez, / un punto, una brizna. Es algo menos que una canción, menos que un sonido, su tierno y menudo vacío llenando su eco y cayendo. Siempre cayendo, y sólo porque, habiendo sido una vez, era…
II. El material del poema puede ser algo tangible como una silla, unas paredes, un jardín o un elemento sutil, la forma en que caía sobre el pelo de ella la desvaída luz de la luna. También, por supuesto, es la naturaleza: el viento, los árboles, las nubes. Pero no basta un listado para definir la materia poética, También era lo que nunca ocurrió. Y cuando todo desaparece queda un momento completo y una pena inabarcable. Sentado en una vieja habitación, con recuerdos abandonados y la luz del sol, se llega al centro de la percepción, Era la forma en que me sentaba, la forma en que esperaba durante horas, días. Era eso. Era eso.
«El vals del delirio»
Este texto es alternativamente poesía y prosa poética; con tono, ritmo, objeto diferentes, pero que sutilmente se van engarzando hasta asimilarse al final en un mismo discurso.
En el primer texto introduce el vals afirmando no recordar cuándo empezó todo, apenas recuerda a su compañera de baile, todo consistía en dejarse deslizar por el salón siguiendo la música lenta, Nos mecía el sonido y no sabíamos decir si avanzábamos hacia el futuro o si regresábamos al pasado. Tiene sus inflexiones la ansiedad -devastadora, triste, trágica a veces-, pero aquí no las tenía.
En el primer poema va citando a los participantes que se van añadiendo al baile, repitiendo el cuarto verso de una estrofa en el tercer verso de la siguiente, y así sucesivamente, Y Bill y Sandy se apoyaban el uno en la otra. Crea de esta manera el ritmo a seguir en el baile, llevando la atención a los pasos a seguir, las vueltas a dar, mientras sigue nombrando a la gente que se incorpora al grupo, Dando vueltas y vueltas, bailando y bailando.
En el segundo texto, los bailantes son sombras que oscurecen el mar, el cielo, el polvo, Estábamos en pie, viendo cómo los demás flotaban sobre el suelo, sobre el mar del suelo, como una balsa de voces. Los participantes navegan pidiendo un baile, pasando de una habitación a otra.
En el segundo poema, introduce un elemento nuevo, el distanciamiento, la materia poética ya no es solo el ritmo del baile, Y una habitación conducía a otra / y los pájaros iban y venían volando. Repita la estructura, el cuarto verso es el tercero en el siguiente párrafo; hasta que la separación entre baile y distancia se acerca, Y el día y la noche eran lo mismo / y el verde cuerpo del mar estaba cerca.
En el tercer texto, aparece la ausencia en un salón inundado por el mar, Y ahí estaba el mar: lo borroso, el borrarse de las diferencias, el fin del yo, el fin de lo que sea que rodee el yo. Sigue bailando, regresa con los demás, pero algo ha cambiado en el salón, El mar, ese imperio del agua enorme y sin sentido se quedó solo.
En el tercer poema, aparece la confusión mientras las parejas siguen bailando, Los cristales se agitaban en la corriente / nadie sabía lo que ocurría. El baile continúa, siguen entrando parejas, los hijos de estas, Los años iban y venían / Las palmas del recibidor hacían ruido al moverse. Están condenados a un eterno retorno al baile, Muchos que deseaban poder / nunca podrían parar.
En el cuarto texto, No soy capaz de recordar cuando empezó, la luz es tenue, fría, las figuras difusas se deslizan sobre el agua, sobre la nieve. Regresa a su compañera de baile, No recuerdo bien, pero creo que estabas allí, quienquiera que fueras.
«La vista»
El poema que cierra el libro, bien podría ser una Poética de Mark Strand. Poética que es forma de ser y estar en el mundo, además de forma y fondo de la creación misma.
Basta una persona observando el mundo, unos simples objetos: una silla, la luz, etc. y un aire de final o fugacidad, “un espacio para mí”, piensa / siempre lo atrae el tiempo de la despedida.
Un ámbito en que el dolor es menor, ya que es visto en perspectiva. El atardecer, la oscuridad que llega, es el momento para percibir la realidad de las cosas.
Parece, en este atardecer sin esfuerzo, más que una razón
para estar ahí, pues viéndolo parece ella misma una suerte
de felicidad, como si ese sencillo hecho fuera suficiente y durase.

Algunos pensamos que cuanto menos se hable del modo en que hacemos las cosas, mejor. Yo particularmente ni siquiera estoy seguro de tener un modo reconocible de proceder, ni de que pudiese hablar de él si lo tuviera. No dispongo de ningún método secreto de escritura, ni tengo una lista de lo que hay que hacer o no hacer. Cada poema exige ser tratado de manera específica, que se llegue a un acuerdo con él, y que se le busque el comienzo y el final apropiados. Pero me estaría engañando si creyese que no hay nada constante en las transacciones entre mis poemas y yo. Supongo que esto es lo que entendemos por oficio.

Sobre la nada y otros escritos
Turner Publicaciones, 2015
Mark Strand (Summerside, Canadá, 11 de abril de 1934 – Nueva York, 29 de noviembre de 2014)

___ Publicación ___
Odisea cultural
Revista de divulgación y crítica literaria
Madrid (España)

18-diciembre-2020
Reseña – Odisea Cultural

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