

Nadie sabe dónde estuvimos
Editorial Palabrava, 2001
Luis Benítez
(Buenos Aires, 10 de noviembre de 1956)
Luis Benítez (Buenos Aires, 1956) es un autor que ha transitado por todos los géneros literarios, especialmente la narrativa y el ensayo, pero destaca su obra poética, como en este libro que se reseña aquí, «Nadie sabe dónde estuvimos» editado en el 2021 por la editorial Palabrava.
Perteneciente a la generación del 80, esa que quiere dejar atrás a los grandes poetas que le preceden
(Neruda, Vallejo, etc.), el propio autor reconoce como influencias a Dylan Thomas y José Emilio Pacheco, cuyos temas centrales son el paso del tiempo, la historia y el universo fantástico. Cuenta la leyenda que Dylan Thomas pasó su última noche bebiendo hasta caer derribado por 18 whiskies.
“And death shall have no dominion” (Y la muerte no tendrá dominio) escribiría Dylan Thomas en uno de sus poemas más memorables, angustiados, exhaustos, / martirizados, pero no vencidos. Estos versos bien podrían ser los postulados filosóficos del poeta argentino.
En el libro que nos ocupa hay un largo poema dividido en cinco partes, “la vejez de arjuna”, en la que Luis Benítez retoma el Bhagavad Gita y desmonta uno de los libros centrales de la filosofía y religión de la India, en la que el joven Arjuna recibe las enseñanzas del dios Krishna.
En el poema Arjuna es un anciano desengañado y cansado, que se cuestiona si el viejo y el joven Arjuna son el mismo, o era apenas otra ilusión de los sentidos / como al mismo dios le gustaba decir y repetir / —hasta volverse alguien aburridísimo—. También duda del propio Krishna, con escepticismo existencial se pregunta: ¿era un dios un hombre o un demonio / ese que una vez vino a mí? No deja Luis Benítez su labor de zapa de las creencias milenarias, hoy en día controvertidas, que pueden ser derribadas por el poeta. El tiempo ha convertido esas creencias en una pesada losa de la que hay que deshacerse, se desplomó sobre mí como una montaña / esa la enseñanza / de que es falso cuanto es imaginario / y yo soy fui antes y seré lo que imagina / un dios de roca que no habla.
Si en el anterior poema hay sarcasmo, cuando no burla, el poeta saca el látigo en “fruta de los charlatanes” desde los primeros versos, dan ganas de preguntar qué tan preparado está usted / para hacer uso pronto del evangelio la guía michelin del espíritu. Fustiga sin piedad a aquellos que con megalomanía esperan convertirse en personajes de la Historia, inclusive / cuántos asesinatos hace que no brinda con soda / como hacen todos los estúpidos de esta tierra. Cierra el poema con otra reprimenda severa, casi burlesca, y allí los tiene / atentos al televisor apagado / la vacía lata de cerveza / sostenida por la artrosis.
La escritura del poeta se basa en unos versos con medidas diversas, un verso puede tener cinco sílabas y el siguiente veinte sílabas. Mas cada verso se ajusta perfectamente a la imagen que el poeta quiere transmitir, con un ritmo basado en la respiración, el verso corto requiere una espiración, mientras que el verso largo pide una pausa en el centro del verso para dos espiraciones, lo que técnicamente se llama dos hemistiquios con una cesura en el centro.
Temáticamente, el libro está lleno de ataques al estado de las cosas, este tiempo que nos ha tocado vivir lleno de ansiedad, desasosiego, vivida por una humanidad frustrada, insatisfecha, incapaces de ver un horizonte que los saque de su vida cotidiana. Y todo esto lo hace el poeta con mordacidad, sin atenuantes, golpeando esas falsas soluciones a las que inclinan la humanidad sin ver que no es más que otro engaño destinado a llevarla al abismo del desengaño.
Para quien no conozca la obra poética de Luis Benítez, «Nadie sabe dónde estuvimos» es una buena puerta de entrada a una poética inconfundible, personal, que observa al mundo con pesar pero sin rendición.
___ Publicación ___
Sobre Libros y Cultura
Buenos Aires (Argentina)
27-sep-2024
Reseña – SobreLibrosyCultura
