
Analfabetos funcionales
septiembre 2026
En estos días no se puede evitar comentar el descalabro que ha supuesto el último informe PISA (Programme for International Student Assessment, en inglés) que ha evaluado el nivel en ciencias, lectura y matemáticas. El nivel ha bajado en las tres áreas, quedando Euskadi solamente por delante de Ceuta y Melilla. La bajada en comprensión lectora es desoladora a nivel educativo, cultural, formativo, etc. En todas las áreas se necesita una buena comprensión lectora; dice la RAE que la lectura es “interpretación del sentido de un texto”. No importa si ese texto es literario, científico o matemático; incluso para rellenar un formulario es necesario tener una buena “comprensión lectora”.
Se dice además que los alumnos no son capaces de mantener la atención y concentración más allá de las 400 palabras —más o menos la mitad de este artículo—; a partir de ahí pierden el interés y son incapaces de definir el asunto del texto leído a medías.
Con ese nivel de comprensión mínimo es imposible que avancen en la comprensión de todas las materias que han de estudiar. Hay un evidente abandono de la lectura por parte de gobiernos, educación, directores y maestros, y seguramente también dentro de la familia, más de un 40% de la población afirma no haber leído un solo libro en el último año.
Lejos de encenderse todas las alarmas y asumir el fracaso, nuestro estimado Lehendakari afirmó días después que hacía falta “autocrítica, autoexigencia y autoestima”; se supone que no se le ocurrió más palabras que comenzaran por el prefijo “auto”. La autocrítica supone mover el problema a otro lugar, por ejemplo, una comisión de estudio con funciones inconcretas. La autoexigencia es la manifestación de que hasta este momento se había tomado el asunto con bastante laxitud, por no llamarlo dejadez. En cuanto a la autoestima, no creo que este país necesite más autoestima; ya es suficiente el orgullo de haber nacido vasco, un idioma, una sanidad y una selección de futbol, etc.
A la gente que pasa dos horas viendo un partido de futbol no se le ocurre cambiar esas dos horas televisivas por dos horas de lectura.
No es la tecnología la culpable de esta merma de comprensión lectora; la inclusión de tablets en la enseñanza no es responsable de que toda una generación sea incapaz de leer un folio y comprender su contenido, sea incapaz de escribir a mano —la conexión cerebro-mano es fundamental en el desarrollo del cerebro—; ha sido todo un conjunto de decisiones políticas, gubernamentales, educativas que han promocionado la cantidad sobre la calidad. Se ha primado los porcentajes sobre la expresión y la comunicación; sobre el lenguaje, dice la RAE: Facultad del ser humano de expresarse y comunicarse con los demás a través del sonido articulado o de otros sistemas de signos.
Hace años la UNESCO acuñó el término “analfabetos funcionales” para aquellas personas que, habiendo pasado por la escuela y, por lo tanto, habiendo aprendido a leer y escribir, son incapaces de rellenar un formulario, comprender un artículo del periódico, incapaces de hacer cálculos matemáticos simples; incluso son incapaces de expresarse correctamente, pedir información en un organismo gubernamental (empleo, hacienda, sanidad, etc.).
Los políticos conocen, desde hace mucho tiempo, cómo funciona una extraordinaria manipulación: el nivel de lenguaje tiene que ser comprensible por niños de 12 años. Si les hablan como si tuvieran 12 años, consiguen que les contesten como si tuvieran 12 años. Esos son los votantes que buscan todos los partidos, sin distinción alguna; lanzan mensajes de 20 segundos —cuatro o cinco palabras— y no se molestan en crear un ideario, una propuesta política, una alternativa bien desarrollada.
Probablemente los votantes no les entenderían si construyeran un discurso con una correcta sintaxis, que incluyera frases subordinadas, que necesite cientos de palabras, que implique una lógica y una argumentación. Para votar con conciencia también es necesaria la lectura y la comprensión lectora.
La lectura no es algo que competa únicamente a los literatos; toda la población debe leer para poder formar su propia opinión, en lugar de usar frases hechas, comprender problemas ajenos, comunicarse con los otros, tener su propio pensamiento y su propia forma de entender el mundo.
La solución es muy sencilla: leer, leer y leer.