

La realidad y el deseo
Fondo de Cultura Económica, 1964
Luis Cernuda
(Sevilla, 21 de septiembre de 1902 – Ciudad de México, 5 de noviembre de 1963)
Luis Cernuda Luis Cernuda escribió entre 1950 y 1956 el que sería su último libro publicado en vida, Con las horas contadas. A este poemario el poeta añade un grupo de 16 poemas numerados bajo el título Poemas para un cuerpo, dándoles una entidad separada, una unidad temática, versos formalmente de 7, 8 sílabas.
Póstumamente, se añadiría a sus obras completas, La realidad y el deseo, otro título con los poemas escritos entre 1956 y 1962 (fecha de la muerte del poeta). Gil de Biedma escribió entonces: “mi pena resumida en un título de libro, / Desolación de la Quimera”.
Cernuda es un rebelde que rechazó la moral burguesa de su Sevilla natal y asimismo del Madrid de la generación del 27, que no termina de aceptarle por su carácter tímido y silencioso. En el exilio (México, Estados Unidos, etc.) sigue siendo un solitario que no puede pertenecer a un grupo cerrado. Siempre enfrentado entre la realidad (límites del mundo hostil) y el deseo (realización personal). Ser homosexual entonces es además ser un inadaptado, un marginado.
Su poesía se va haciendo más esencial, adoptando el verso menor (en 7 u 8 sílabas) y rima asonante muy sutil y ligera, cuando conoce un amor al que dedica sus Poemas para un cuerpo, alguien del que apenas conocemos su nombre, Salvador; no hay descripciones físicas o personales. Es un amor que le encuentra cuando creía haber dejado atrás el momento oportuno. Amor y forma poética se unen como dos cuerpos que se encuentran en el instante preciso, breve pero profundo.
I. Salvador; el poeta proclama: Sálvale o condénale, / Porque ya su destino / Está en tus manos, abolido. Así queda definido el destino: la salvación es ser uno en otro, la condena es tormento y pérdida. Es una súplica que se reitera en los 4 párrafos.
II. Despedida: Formado por 3 cuartetos (espacio, ánima y materia), marca la ruptura brutal que deja soledad, terror y desierto, pero sobre todo Desnudo ya del cuerpo tan amigo / Que contigo uno era.
III. Para ti, para nadie; el poeta busca los rastros de lo perdido, Alguno que se aleja. / Vuelve atrás la cabeza, y habla consigo mismo entre las materias del recuerdo del amor efímero, Tan sólo un breve espacio / De amor esperanzado. Se dura lo que el amor dura, después queda el vacío y el territorio de la escritura, Para hablar con tu ausencia / Estas líneas escribo, / Únicamente por estar contigo. Poema escrito en párrafos de dos versos, rimados en asonante y verso menor.
IV. Sombra de mí; el amante es una creación del poeta: No eres tú, sino sombra / Del amor que en mí existe. Mas es un amor que puede hacer sufrir, elevar al cielo; el poeta sabe que es una visión propia, Pretexto que me diste, sin el cual el amor quedaría encerrado dentro de sí mismo, esperando la llamada que lo despierte. Pero es el destino, al que da gracias, el que une a ambos: Para esto vine al mundo, y a esperarte; / Para vivir por ti, como tú vives, / Por mí, aunque no lo sepas, / Por este amor tan hondo que te tengo.
V. El amante espera; el poeta ruega a lo divino pidiendo le devuelva al amado: Lo perdido, ya otras veces perdido / Y por ti recobrado para mí, que parece / Imposible guardarlo. Aunque se disculpa por ser importuno o blasfemo, una y otra vez ruega por aquello conocido tras Tantos años vividos / En soledad y hastío, en hastío y pobreza, ha llegado la dicha. Y acaba el poema con el último argumento: Devuélveme, Señor, lo que he perdido, / El solo ser por quien vivir deseo. Este último verso remite a la dedicatoria de La realidad y el deseo: À mon seul desir.
VI. Después de hablar; tras hablar del amor, llega el tiempo del silencio, Es el amor de una esencia / Que se corrompe al hablarlo; ahora ha de sufrir o gozar en silencio, pues del silencio se engendró, se nutrió; incluso si el amor muere, habrá de ser en silencio, Si va a morir, con él muere, / Si va a vivir, con él vive. / Entre muerte y vida, calla.
VII. Haciéndose tarde; el amor llegado cuando ya no se espera crea la sospecha de que sea tardío, cercano al marchitar; ni la rosa, ni la alondra, ni la parra lo pensaron, Entonces, deja, no pienses / En que es tarde. ¿Hubo tardanza / Jamás para olor y zumo / O el revuelo de algún ala?
VIII, Viviendo sueños; escrito en tercetos, en rima asonante, versos 1 y 3. El poeta, tanto tiempo deseando la llegada del amor, duda si es un sueño propio que desaparezca al despertar. Mas ahora en fin llegaste / De su mano, y aún no creo, / Despierto en el sueño, hallarte. Pero el amor es pretexto para vivir, lo más valioso en la tierra, la presencia. Y, sin embargo, Lo raro es que al mismo tiempo / Conozco que tú no existes / Fuera de mi pensamiento.
IX. De dónde vienes; el poeta se extraña de que el amado tenga padre o madre, Mi imaginar no vence la extrañeza / De que sea tu existir originado en otros, que tenga origen fuera del amor creado por el amado, Cuando único me parece, / Creado por mi amor. El amado proviene del reconocimiento del otro, se genera en el propio amor, Un puro conocer te dio la vida.
X. Contigo; uno de los poemas más breves del conjunto está basado en preguntas con una única respuesta: ¿Mi tierra? / Mi tierra eres tú. El amado es vida, tierra, gente; su falta es puro destierro, Dime, mi vida,/ ¿Qué es, si no eres tú?
XI. El amante divaga; uno de los más bellos poemas de la literatura. Aquí Cernuda usa sextetos de versos para contar una historia, una leyenda en la que puede extender su saber poético, entre octosílabos y endecasílabos, para al final dar vuelta a la premisa inicial.
Dicen que en el infierno el tiempo tiene otra medida o desmesura: No sé. Mas allá el tiempo, según dicen, / Marcha hacia atrás, para irnos desviviendo, y la historia de amor —mejor será decir nada más mía— se viva a la inversa, desde el final, Pasar de los principios del olvido, hacia el amor ilusionado y de este a un tiempo anterior al conocimiento, Y de ahí a la ignorancia / De ti, anterior a nuestro hallazgo. Esta terrible visión hace que el poeta descrea de cielos e infiernos, por encima o debajo de la tierra, ¿No serán cosa nuestra, de esta vida / terrena a la que estamos hechos y es bastante? El amante crea el amor y también crea paraíso e infierno en la tierra; solo hay vida por la presencia del otro, mas a todo renuncia el poeta con un verso hermosísimo: Olvido de ti, sí, mas no ignorancia tuya. El camino de la vida, el sentido de la marcha del tiempo, paraíso e infierno es indiferente; el deseo esencial es que al final Tu existir esté allí, mi infierno y paraíso.
XII. La vida; Cernuda equipara al amante con el sol: en el levante la presencia llega Sobre mi existencia oscura / A exaltarla, para darle / Esplendor, gozo, hermosura. Mientras que en el poniente crecen / En torno mío las sombras / De soledad, vejez, muerte. Doce versos octosílabos en los que el amado es rey sol y el amante, individuo terrenal encadenado al ciclo del astro.
XIII. Fin de la apariencia; 5 párrafos de 5 versos, en los que el amante es quien da la vida y la muerte, deshace la apariencia Que da valor al hombre / Para el hombre en el mundo. Mas este fin del enmascaramiento da otra vida, nueva e inquieta, Y como ser primero / Inocente, estoy solo / Con mí mismo y contigo. El que da la vida también da la muerte y deja al amante al albur, sin defensa, Morir parece fácil, / La vida es lo difícil, versos casi idénticos a los Emily Dickinson: y un paso más allá llega el desistimiento, la confesión más amarga: Ya no sé sino usarla / En ti, con este inútil / Trabajo de quererte, / Que tú no necesitas. (Love’s Labour’s Lost como la obra de Shakespeare).
XIV. Precio de un cuerpo: El cuerpo de estos poemas tiene un precio, no siempre justo o consciente, Cuando algún cuerpo hermoso, Como el tuyo, nos lleva / Tras de sí, él mismo no comprende, el amante es receptáculo de ternura, vida, pensamiento, deseo, afán… Fuera de ello no queda más que sombras. Afuera como sombra de algo, / Una sombra perfecta / De aquel afán, que es del amante, mío, que el amante no puede comprender ni el amado exponer, Tú no comprenderías. / Por eso nada digo. El precio está pagado y es claro, este infierno de angustia y de deseo.
XV. Divinidad celosa; en 3 párrafos, solventa esa lucha entre lo humano y lo divino; el tiempo está sometido al cuerpo, Siempre ansioso de ti. Pero los dioses no soportan que el hombre esté solo; el dios está celoso y su respuesta está cercana: Déjame amarte ahora. Un día, / Temprano o tarde, Dios / Dispone que el amante deba / Renunciar a su amor.
XVI. Hombre con su amor: El poema comienza con una declaración extraordinaria, Si todo fuera dicho / Y entre tú y yo la cuenta / Se saldara, aún tendría / Con tu cuerpo una deuda. Nadie puede poner precio a la paz entre los labios, a esta tregua con la vida, tu presencia / Y mi amor. Eso basta. Y mientras mira dormir ese cuerpo, se produce una revelación: Amanece. Así mira / Un dios lo que ha creado. Mas amor y cuerpo se necesitan definitivamente, Mas mi amor nada puede / Sin que tu cuerpo acceda, / Él sólo informa un mito / En tu hermosa materia.
__ Publicación __
Revista Literaria Galeradas
Artículos y ensayos
Madrid (España)
10-marzo-2020
Poemas para un cuerpo
